Escrit el 22 set, 2008

¿ Se acabó la Expo ?

Sesión de Ágora durante la Expo

Sesión de Ágora durante la Expo

La Expo ya es historia. Zaragoza nunca olvidará el verano del 2008 mientras España y el mundo ven pasar casi indiferentes el mensaje de alerta sobre el medio ambiente que ha generado. En realidad no sabemos si este legado caerá en saco roto o quedará todo en agua de borrajas tal como titulaba El País en uno de los pocos reportajes que ha dedicado al contenido de la muestra. Quizás nos equivocábamos en esperar algo de la  gestión internacional, cuando las Naciones Unidas tienen cada vez menos incidencia, con un gris Ban Ki-Moon a la cabeza. Quizás tampoco era un buen momento para esperar grandes apoyos del gobierno central, con el Ministerio de medio ambiente desmantelándose. De Madrid la única vía posible era la de la investigación –con al menos dos ministerios competentes – también de los temas ambientales, entre ellos el menos conflictivo por elevación a lo global: el cambio climático. Finalmente esta ha sido la mejor noticia con el anuncio de la creación del Instituto de investigación sobre el cambio climático que se ubicará en el pabellón de España.

El éxito de la Expo hay que buscarlo sin embargo en otro lado. A pesar de las enormes filas que desalentaron a muchos visitantes –un tema organizativo que debería resolverse en el futuro-, la implicación ciudadana ha dado una lección a políticos y organizadores. Primero, por utilizar masivamente el transporte público para acudir al recinto, dejando los dos parkings habilitados como simples elementos decorativos y dándole coherencia al tema de la muestra (agua y desarrollo sostenible). Un buen refuerzo de los autobuses de la ciudad y el acierto del Ayuntamiento en inaugurar el bizi vuelven a mostrar que la gente responde si hay una buena oferta de movilidad sostenible. En segundo lugar, el indudable éxito de participación en los contenidos de la EXPO más allá de la pura diversión, desde las visitas y las adhesiones que ha generado el pabellón de iniciativas ciudadanas, el Faro, hasta la gran asistencia a espectáculos culturalmente arriesgados,  como el Iceberg catastrofista de Calixto Bieto visto por más de 1 millón de personas o el llenazo en el estreno del durísimo corto de Eduardo Chapero Jackson sobre el agua en el futuro. La participación masiva y fiel a las sesiones de Ágora en las que he trabajado también muestran un camino a explorar. Las encuestas que hemos realizado revelan, en un análisis preliminar, una alta valoración de los ciudadanos por este espacio diseñado para compartir el conocimiento. Aún más que las gestiones de la alta política, precisamente lo que no debería caer en saco roto ni quedar en agua de borrajas es este extraordinario legado ciudadano al éxito de la Expo.