Escrit el 12 nov, 2010

Conciencias humanas

Hace más de un millón de años, un primate debió tomar conciencia de sus propias capacidades, tal como muestra genialmente la película 2001: Una odisea del espacio. La vida en el universo comenzó a entenderse a sí misma, o al menos a hacerse preguntas.

2001

Vladimir Vernadski predijo mucho tiempo después – en 1926- que una gran idea se apoderaría de la humanidad cuando pudiera contemplar el planeta desde el espacio. El científico ruso-ucraniano confiaba que tal imagen nos pondría en nuestro lugar en el universo, después de que Darwin nos hubiera situado ya entre los demás seres vivos.

Cuando en 1968 la nave del Apolo 8 proporcionó por fín la primera fotografía de la tierra, aún se estaban gestando las tecnologías digitales  que nos llevarían a la verdadera consciencia de especie. Porque a pesar del discurso de Darwin, Vernadski y en general de la ciencia y la filosofía, la percepción real y contundente de que todos los humanos formamos un grupo, no se ha producido hasta la era de lo virtual.

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Las redes de comunicación interconectan hoy a una gran mayoría de individuos (cerca de 2.000 millones de usuarios de Internet y 5.000 millones de móviles), precisamente mediante lo único que nos diferencia con el resto de especies animales. Mientras que la revolución industrial permitió un salto en las limitaciones físicas de los humanos, la revolución digital ha incrementado espectacularmente las capacidades de su cerebro: para el cálculo, el procesamiento de información, el acceso al conocimiento acumulado pero también para las emociones, la relación y la comunicación.

En la era de Internet nuestra conciencia se multiplica:  somos cerebros conectados con otros cerebros que vivimos en un mundo único y global que no es otra cosa que un ecosistema biológico. Porque la tecnología es fruto de la evolución, al  igual que la cultura y todo lo que idealizamos con la palabra naturaleza.

Las redes sociales actuales nos permiten, además, la conciencia de pertenecer a varios subgrupos humanos que comparten lengua, cultura, intereses, educación, género o ideologías, entre muchas otras variables. Tenemos en nuestras manos, como nunca habíamos tenido – individualmente, como grupo y como especie- conseguir grandes logros aunque  los fracasos están también a la altura de esta potencia.