Escrit el 21 set, 2011

A propósito de la comunicación científica (esp)

Me sumo a las felicitaciones al Observatorio de la Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra por la organización del primer Campus Gutenberg dedicado a la comunicación y la cultura científica. Se agradece que estuviera planteado en un formato más ágil que el de los congresos, con mesas redondas pero también con talleres, microdiálogos que coordinamos desde la Associació Catalana de Comunicació Científica (ACC) e incluso humor a través del Pecha Kucha conducido por los directores del programa “Pa ciencia, la nostra“. Se agradece también que se hayan abordado los temas de siempre de la comunicación y la divulgación de la ciencia pero con más imaginación y actualización de lo que es habitual. Quizás lo más destacado del Campus es, precisamente, esta vuelta de tuerca en el qué y el cómo de la comunicación de la ciencia…

 

Desde los tiempos de mi tesina (1997) se ha establecido que la ciencia puede estar en tres planos distintos en función de lo que le aporta al público:

A) La ciencia como alta cultura, la que responde a las grandes preguntas de la humanidad: el origen del universo, el origen de la vida, la naturaleza y la humanidad y todos los temas relacionados como, por ejemplo, la estructura de los genes,  la composición del átomo o el comportamiento de los animales.

B) La ciencia práctica, la que es útil para funcionar en nuestra vida cotidiana, que es distinta según el contexto social o cultural: cómo funcionan las vacunas, qué alimentos son tóxicos, etc. Suele estar vinculada a la salud aunque muchos temas ambientales y del uso de la tecnología también se pueden clasificar en este apartado.

C) La ciencia social o ciudadana, la que hace un balance entre los costes y los beneficios de la investigación: cómo y para qué se financia la ciencia y cuáles son sus resultados en términos de calidad de vida, bienestar o desarrollo económico.

La comunicación de la ciencia A es divulgación o pensamiento, la B es información o formación, mientras que la C genera sobre todo debate e interpretación. Los tres planos pueden comunicarse por la vía directa o indirecta. Directa cuando la comunicación de la ciencia es explícita (ejemplo: las obras de Stephen Hawking ) o indirecta, cuando es en apariencia un elemento secundario (pongamos por caso la serie de televisión CSI en la que la ciencia se usa para resolver crímenes).

Tradicionalmente, la ciencia como alta cultura la encontrábamos en museos y exposiciones, además de las conferencias y libros de los propios científicos o en espacios especializados de los medios; la ciencia práctica siempre se ha distribuido por múltiples canales, desde la publicidad, a las etiquetas de los productos o la comunicación médico-paciente; mientras que la ciencia ciudadana era un análisis casi exclusivo de los periodistas y por ello, mucho más escaso porque recaía -hasta ahora- casi únicamente en la responsabilidad de los medios.

Según apreciamos hace unos días en el Campus Gutenberg, hoy la comunicación de la ciencia la encontramos en casi todos los canales y en todos los formatos gracias a la revolución digital y a los cambios en el ecosistema mediático. Los científicos/as, los y las periodistas, las instituciones y la ciudadanía han ganado protagonismo como emisores en cualquiera de los tres planos. El resultado es que se hace más hincapié en la ciencia ciudadana, ya sea en blogs, libros o centros de ciencia, mientras que la ciencia práctica se crea y se transforma en el seno de las comunidades que la necesitan, al mismo tiempo que la ciencia como alta cultura ya no es un patrimonio exclusivo de las instituciones y de la sabiduría más oficiales.

La vía indirecta triunfa porque los formatos híbridos no llegan sólo al público interesado sino a muchos más, teniendo en cuenta, como dijo Juan Varela, que el público ya no existe como masa homogénea a la que dirigir -y sobre todo vender- mensajes. Excepto para el fútbol y los bestsellers, el resto de contenidos se distribuyen en una larga cola de pequeñas audiencias que, sumadas, son más importantes que la de estos (ahora pocos) productos de masas. Por ello las soluciones para la crisis del periodismo científico son las mismas que para el periodismo en general: encontrar un modelo de negocio digital para los medios que agregue a estos públicos y atraiga anunciantes, al mismo tiempo que se desarrollan productos especializados para audiencias segmentadas. @periodistas21, lo expresó así a través de la etiqueta del campus en twitter , un canal en el que fue TT (Trending topic) en España durante unos minutos.

El futuro de la creación de contenidos pasa, además, por pensar más en la vía indirecta, como defendía Carlos Elías que prepara una novela de su tesis doctoral, juntamente con la mejora de la calidad de los productos para diferenciarse. En este sentido, Janquim presentó, en el microdiálogo que yo moderaba, un índice para medir la calidad de los medios digitales a través de un debate con los asistentes y con el profesor Lluís Codina.

Otra tendencia es capacitar a ciudadanos y profesionales para que sean activos en el universo mediático, generando una especie de 5º poder ciudadano tal como propone Dan Gillmor con su proyecto Mediactive. El taller de datos abiertos que coordiné en el Campus y que impartió Javier Rodríguez es una muestra de las tecnologías que permiten tratar datos existentes o elaborarlos a partir de fuentes públicas. Otros talleres como el de Cristina Aced de Storify, el de Heber Longás de infografía o el de Pilar Perla y Elena Sanz sobre relatos multiformato, además del proyecto de Irene Lapuente de creación de vídeos ciudadanos Science of the City, son también ejemplos de herramientas de comunicación científica disponibles para ciudadanía y profesionales.

Hay que insistir en el enfoque descentralizado de la comunicación que se inició con las Unidades de Cultura Científica (UCC) en los centros de investigación y que, ahora, se está aplicando a las estrategias de comunicación social en las organizaciones. Más que un sólo Comunity manager centralizado en el departamento de comunicación se necesitan elementos activos en todas las áreas, que multipliquen exponencialmente la estrategia global por la vía indirecta. En los medios que así lo entienden, cada periodista es una marca en la red, activa a través de  twitter y otras plataformas, de la que sacará rendimiento profesional en la medida que aporte valor a la comunidad 2.0 que establezca con sus audiencias y sus fuentes. En las empresas, lo mismo: cada persona puede ser  un agente de la innovación y de la comunicación estratégica si se le proporcionan objetivos, incentivos y herramientas (estoy preparando una entrada específica sobre cómo abordar esta estrategia).

Otras reflexiones a propósito del Campus Gutenberg 2011

Mercè Piqueras sobre libros de comunicación científica

Resumen de Ruben Permuy para la Associació Catalana de Comunicació Científica (ACCC)

Resumen de Óscar Menéndez para la Asociación Española de Comunicación Científica (AECC)

Seguimiento en twitter: #cGutenberg

 

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