Escrit el 28 set, 2014

Periodismo científico, presente y futuro

Ante la pregunta que lanzó Vladimir de Semir sobre si uno/a se puede ganar la vida con el periodismo, concretamente con el periodismo científico, el debate del Campus Gutenberg 2014 se animó. A pesar de que disponíamos de tiempo, no pudimos matizar todo lo necesario así que, como prometí, ahí van unas reflexiones a posteriori.

Hablar de comunicación científica es poco preciso y no ayuda a comprender lo que está pasando. Hay diversos tipos de ciencia susceptibles de ser comunicados. Para simplificar: la ciencia cultural que nos ayuda a entender el mundo, la ciencia práctica que nos da herramientas para el día a día y la ciencia social que nos capacita para valorar su papel en la sociedad. El boom de iniciativas de comunicación científica que han aparecido en las últimas décadas, propiciadas por la revolución digital, parece que garantizan la supervivencia de la ciencia cultural y la ciencia práctica. Sin embargo la ciencia más social va disminuyendo dramática e inexorablemente a medida que se agudiza la crisis de los medios de comunicación.

Únicamente un enfoque periodístico avalado institucionalmente es capaz de plantear cuestiones comprometidas para la propia ciencia: cómo se financia y cuál es su aplicación en términos sociales y económicos. La crisis de los medios incide directamente en las condiciones democráticas de una sociedad porque solo los medios y los periodistas difunden las noticias complejas y a menudo incómodas pero necesarias. Por eso no es trivial que desaparezca el programa el Medi Ambient de TV3, con ya más de 26.000 firmas en contra de la medida que ha tomado la dirección. Aunque el cómputo de horas dedicadas a la ciencia no disminuye en su conjunto, si lo hace el enfoque que relaciona la naturaleza con las actividades económicas, políticas y humanas, usando el método científico como base para la toma de decisiones.

Esta visión social de la ciencia concuerda con el nuevo concepto que promueve la Comisión Europea en el actual programa marco de Investigación e Innovación, Horizon 2020, la Investigación e Innovación Responsable (Responsible Research and Innovation RRI). Ignacio López Verdaguer explicó que la Fundació La Caixa está coordinando un proyecto europeo sobre RRI que busca establecer metodologías para su aplicación. Se trata de incluir a la ciudadanía en el mismo diseño de la investigación y la innovación para asegurar que la finalidad última se adapte a los intereses y las sensibilidades de la sociedad que las está apoyando y financiando. López Verdaguer cito ejemplos en toda Europa en los que ya se está avanzando en este sentido aunque, cómo se demostró en el Campus Gutenberg, esta visión es aún difícil de asumir para la mayoría de los científicos. Así volvió otro mantra: la ciencia práctica, la tecnología, puede ser dirigida hacia objetivos pero no la ciencia básica. Increíbles algunas afirmaciones “hay que dejar a los investigadores que den rienda suelta a su creatividad sin cortapisas de ningún tipo…y menos de los ciudadanos que no tienen ni idea de lo que están juzgando” o “no existe mala ciencia…la ciencia ya se auto regula”.

Cuando hablamos de que los ciudadanos exigen resultados no hablamos de resultados inmediatos en la salud o el bienestar. Es comprensible que descubrir tratamientos contra el Alzheimer lleve años pero podemos exigir que los investigadores rindan cuentas sobre la estrategia que siguen en relación a los avances de la propia investigación. Una investigación que está a caballo entre la básica (cómo funciona el cerebro)  y la aplicada (cómo se puede abordar la enfermedad). Esa ciudadanía que “no tiene ni idea” está además en su derecho de priorizar los recursos públicos con proyectos que resuelvan sus problemas cotidianos, ya sean las enfermedades o el origen de la contaminación que está envenenando su ambiente y sus vidas. Esa misma ciudadanía puede, al mismo tiempo, entender que es necesario dedicar recursos a mejorar el conocimiento del patrimonio ya sea biológico, natural, histórico o cultural, ya que forma parte de su legado como personas. Sea lo que sea, en el siglo XXI nada de lo que se investiga puede hacerse a espaldas de la sociedad, incluso lo que se financia privadamente.

Si nos centramos en las condiciones laborales de los periodistas científicos, es evidente que vivimos en una época de precariedad con la mayoría de profesionales especializados trabajando como autónomos. Lo cual no sería un problema tan grave sino fuera por el bajo nivel de los honorarios que se ofrecen, que deben rechazarse y denunciarse contundentemente cuando llegan al abuso. Esta es una de las conclusiones del encuentro “Periodisme científic freelance” coordinado por Mònica López Ferrado que se celebró en el Gutenberg. Michele Catanzaro y Pere Estupinyà todos miembros de nuestra asociación (ACCC), actualmente trabajando en Estados Unidos y Alemania, señalaron que existen unas tarifas mínimas –alrededor de 1 € por palabra- para los artículos de divulgación o trabajos periodísticos en esos países. Por contraposición, aquí se pagan, sin ningún reparo, pocos céntimos de euro por artículos enteros e incluso se fomentan colaboraciones gratuitas. Las instituciones presentes (ACCC, AECC, ANIS) coincidimos en denunciar estas practicas lamentables que vulneran la dignidad profesional y que serán tema de debate de una sesión en el Ateneo Barcelonés.

Otra cosa es que se pueda vivir del periodismo científico, incluso si está pagado dignamente. En el panorama actual de consumo digital, el mercado publicitario ya no aporta financiación suficiente cómo para sustentar al periodismo de calidad, así que los medios deben buscar nuevos aportes económicos, que van desde iniciar otros negocios, campañas de crowdfunding, o estrategias de innovación para hacer más y mejor con menos. Generalmente los proyectos más innovadores tienen dificultades en alcanzar la rentabilidad aunque sus aportaciones suelen ser muy valiosas. Según muchos expertos, los medios cada vez más deberán llegar a acuerdos con las start-up periodísticas. De este modo obtienen la innovación que no son capaces de promover desde dentro y los emprendedores ganan un paraguas institucional que les permite desarrollarse con garantías. En este sentido, creo que el acuerdo entre Materia y el diario El País es un ejemplo.

Si hablamos del futuro inmediato sin embargo, y tal como comprobamos en el campus, al periodista freelance le toca combinar distintos trabajos para sobrevivir: asesor, redactor o comunity manager en comunicación corporativa, reportero para medios, colaborador en publicaciones y exposiciones, guionista –o concursante- de televisión, además de bloguero o tuitero activo para no dejar de lado su reputación, algo que le ayuda a conseguir más encargos. En el campo de la formación a periodistas, tal como destacó El País Catalunya, las tendencias pasan por varias especializaciones temáticas muy concretas, podríamos decir microespecializaciones, siguiendo exhaustivamente temas como la teoría de cuerdas, la medicina personalizada  o el big data aplicado a los negocios …., además de una especialización técnica, pongamos por caso en periodismo de datos, creación audiovisual, o en nuevas narrativas multimedia.

Crisitina Ribas es miembro del grupo de investigación IN-DATA