Más sobre el agua y el desarrollo sostenible en la Expo, esta vez agua en las ciudades reales, virtuales y futuras (domingo 29 de junio) con tres invitados de lujo: el biólogo Juan Freire, una de las voces más lúcidas de la blogosfera, y dos arquitectos: José Luís Vallejo del innovador estudio Ecosistema Urbano e Iñaki Alday responsable junto con Margarita Jover del proyecto de urbanización del parque metropolitano de la propia Expo. Las imágenes del meandro de Ranillas anegado por el agua en tres ocasiones desde 2006 fueron la mejor forma de demostrar que su proyecto más que vencer al Ebro lo que ha hecho es unirse a él, ya que no sirve de nada frenar las inundaciones, “se producen en otro lugar”.
Nuevamente alguien respondió a la pregunta, ya comentada en el primer post sobre la Expo, de si la sostenibilidad bien vale la muestra. En este caso Vallejo consideró que con el papel de Tribuna del Agua se está compensando poco a poco el impacto ambiental, “equilibrando la balanza”. Hablando en la televisión de Zaragoza ZTV con compañeros periodistas, manifestaron su esperanza en Tribuna del Agua: “lo que va a quedar”. Así que seguimos recogiendo el mismo argumento, silencioso pero firme: por favor hagan algo más, supongo que con la idea de cambiar el mundo. Como dijo el martes un representante de Brasil, “la utopía es tan sólo lo que nos hace seguir caminado ya que cuanto más lejos vas, más lejos queda siempre”. Por cierto que el público “experto” presente aplaudió a rabiar esta obviedad lo que demuestra que el mundo está lleno o bien de idealistas o bien de progres (rojos verdes y subversivos). Otras frases pronunciadas en el pabellón de Tribuna lo demuestran. Me quedo con la sinceridad de Clara Repeto (martes 1 de julio), coeditora del informe “Salud y globalización” que dijo que los objetivos del milenio de Naciones Unidas “son una mierda” porque sólo se comprometen a reducir a la mitad el número de personas sin acceso al agua potable para el 2015. Es decir, a pasar de 1200 millones sin agua en condiciones a 600 millones. Danielle Miterrand participante en el Foro Ético vinculado a Tribuna, cuyas conclusiones se presentarán mañana, promete más: “dicen que soy radical porque doy miedo a los que temen perder sus privilegios, el desafío a largo plazo es redefinir la riqueza y para ello debemos ser abogados de una nueva sociedad”.
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Tod@s somos rojos, verdes y subversivos
dissabte, juliol 5th, 2008¿Para qué sirve una Expo?
dilluns, juny 23rd, 2008Estoy en Zaragoza, en la Expo, trabajando en Tribuna del Agua. Ya llevamos una semana de debates y conferencias superinteresantes sobre el agua y el desarrollo sostenible. La parte que coordino se llama Ágora y es donde el público pregunta y comparte “tribuna” con los expertos. Y claro ya ha surgido varias veces la pregunta de si la Expo tiene sentido. No tanto en general, sobre el papel de las Expos en el siglo XXI -que por cierto es tema de uno de los eventos paralelos previstos- sino de esta Expo en particular. Y es que parece un contrasentido demasiado grande favorecer el desarrollo sostenible con una gran infraestructura del ocio que genera residuos e impactos de todo tipo.
Quizás no sea un camino tan equivocado, aunque, por supuesto, con las propias contradicciones del desarrollo sostenible incluidas. Respuestas varias de los expertos que han pasado por el Ágora lo corroboran. Andrés Rábago, el Roto, autor de una serie de viñetas elaboradas para este evento, dijo que hay que hacer lo que uno cree que debe hacer, incluso donde se supone que no se puede hacer porque siempre queda algo. O al menos eso es lo que yo entendí. Carl Steinitz, profesor de Gestión Territorial en Harvard afirmó que la única esperanza para cambiar actitudes es infundir miedo a la gente. Según su experiencia adquirida en proyectos por todo el mundo, cuando la gente siente que realmente puede perder sus condiciones de vida es cuando reacciona en serio. “Esta Expo debería ser la Expo del miedo” llegó a decir. Cuando el sábado por fin vimos el espectáculo estrella de la Expo, el Iceberg de Calixto Bieito, pensé que le estaban haciendo caso. Al menos en la primera parte, cuando miles de residuos y bebés deformados pasan por delante de un ojo gigante y televisivo. La verdad es que se te pone un nudo en el estómago. Aunque inmediatamente después lo compenses comiendo papas arrugadas y dejandote llevar en un concierto de homenaje a Pink Floyd, puede ser que cuando nos afecte de pleno la crisis que se avecina -perdón, desaceleración- nos acordemos del ojo maldito y desde la depresión, empujemos por crear un mundo más racional y justo.

Sólo estoy segura que Steinitz y otros expertos que pasan por Expo, donde constatan hechos como que el cambio climático es ya irreversible, no siempre lo tienen fácil para hacerse oír. Aquí en cambio los medios necesitan contenidos, cuando lo normal es lo contrario, es decir que los contenidos peleen por estar en los medios. Mientras pasan el ojo de Bieito por la tele una y otra vez, en el Ágora de la Expo se escuchan los sonidos de Los Monegros de la mano de la zoóloga Eloïsa Matheu que alerta de su degradación. Canal Expo y todos los periodistas acreditados picotean y lanzan continuamente fragmentos de todo lo que pasa, ya sea en pabellones, conferencias, días nacionales, conciertos, actuaciones, debates o talleres.
Quizás sólo se trata de eso. De crear las condiciones para que un tema importante se proyecte globalmente, aunque sea de una forma tan curiosa como inventarse una expo del agua y el desarrollo sostenible. Y aunque todo ello, además, sea el efecto secundario del esfuerzo ingente por transformar espectacularmente una ciudad. Pero es que puestos a poner Zaragoza en el mapa mundial, mejor que sea para decir algo.