La incidencia de gripe A sigue aumentando y los elementos destacables sobre su comunicación pública también. Hace días que señalé vía twitter la increíble coincidencia temporal entre las epidemias reales y las búsquedas en google, al menos hasta la aparición mediática del virus H1N1. La conexión es tan estrecha que los epidemiólogos pueden detectar el aumento de infecciones controlando el comportamiento de los internautas (ver artículo en Nature). Una prueba de que Internet es ya el entorno más importante para una gran mayoría de personas, donde se refleja su vida: la salud, el aprendizaje, las relaciones…

Centrándonos en la gripe, esta pandemia ha puesto sobre la mesa todos los elementos del nuevo paradigma de la comunicación pública. En primer lugar, los temas son mucho más complejos de lo que los medios tradicionales intentan hacernos creer. Vicent Partal sostiene en su libro que Internet tiende a eliminar las visiones simplistas de los medios porque a un clic de distancia tenemos múltiples puntos de vista. El otro gran cambio es que dar el punto de vista está al alcance de todos, aunque para conseguir repercusión y audiencia hay que tener gracia y decir algo interesante. La monja médica Teresa Forcades opinando sobre la gripe hace precisamente esto, a la vez que muestra la complejidad de nuestro mundo y de cómo lo contamos. Mi punto de vista sobre su punto de vista:
La teoría de la conspiración es muy atractiva y por eso se extiende tan rápido pero me temo que la realidad tiene muchos menos elementos de thriller y muchos más de mediocridad. La mala actuación de algunos políticos, laboratorios, profesionales, e incluso funcionarios de la OMS que se está denunciando no responde a una conspiración para hacernos tragar con las vacunas o los fármacos. Las causas apuntan más a la desidia y falta de profesionalidad o simplemente al oportunismo y la corrupción. Que Donald Rumsfeld esté en el negocio del tamiflú demuestra que se ha aprovechado de la política y de su cargo en beneficio propio, no que haya ideado un plan para crear un virus nuevo, una complicación carísima e innecesaria.
Sin darse cuenta -o quizás conscientemente si se confirma que está muy vinculada a los movimientos anti-vacunas como Cobra- Forcades les hace el juego a los esotéricos paracientíficos. Ella que utiliza la ciencia como gran argumento, cosa en la que se basa, hay que decirlo, parte de su éxito pues le da credibilidad. Y cuidado, que no hago la distinción simplista de “buenos-malos” entre los científicos y el resto. La ciencia tiene sus sesgos, sus problemas y sus conflictos de intereses, como todo, pero para curar enfermedades la ciencia y la medicina son imprescindibles. Las vacunas también aunque tengan contrapartidas, y efectos secundarios.
Dicho esto, hay que ser crítico con lo que nos explican los responsables de gestionar la epidemia, exigirles transparencia y hacerles preguntas comprometidas -en esto creo que Forcades ha sido muy útil- pero sin dinamitar el sistema ya que sabemos, desde el primer día, que esta gripe, aunque sea leve, puede afectar a muchas personas simultáneamente y provocar un cierto colapso de los sistemas de salud. La vacuna llega tarde -se ha fabricado a contrarreloj- pero tiene garantías de eficacia y seguridad suficientes -no menos que cualquier otro medicamento que tomamos habitualmente- y lo mejor que podemos hacer es informarnos y ser responsables. En alerta pero sin alarma (de momento).