Estamos viviendo una gran crisis en el sector de los medios de comunicación con despidos y reestructuraciones importantes (ver por ejemplo artículo de Juan Varela en Soitu). En realidad es más una crisis de los medios tradicionales, de su modelo de negocio, que no del periodismo en sí. Soy optimista por lo que respecta a la profesión si es capaz de reciclarse a fondo en un entorno donde los medios ya no son imprescindibles. En este informe (pdf) lo explico con más detalle pero en definitiva se trata de:
- Hacer autocrítica en la función social: acompañar a los ciudadanos/as sin paternalismos ni prepotencia, añadiendo valor al que ya hacen millones de personas en Internet tratando información y datos.
- Plantear una formación que combine los criterios periodísticos de siempre con las nuevas herramientas multimedia y 2.0, tanto para trabajar para otros, como para establecerse como periodista independiente.
- Innovar en nuevos modelos de periodismo (periodismo ciudadano, bases de datos, servicios online, etc.).
- Innovar en nuevos medios y nuevos modelos de negocio de las empresas que sustentan el periodismo, más allá de los blogs y el periodismo independiente que ya funciona.
Los medios tradicionales no han entendido nada
Parece mentira que las empresas periodísticas lleguen tan tarde a la reflexión, cuando hace más de 10 años que empezaron a perder clientes mientras los usos de Internet crecían exponencialmente. Con la desesperación del momento actual vuelven a equivocarse cuando se lanzan a llenar ediciones digitales, en busca de la salvación. El problema no es no haber encontrado el gran modelo de negocio en línea, sino no haber aprendido (David Chase da algunos consejos en este artículo).

Los medios empezaron a hablar de Internet en los 90′ como una curiosidad tecnológica, motivo por el cual nos tocó cubrirlo a los periodistas científicos (una gran suerte que nos permitió reciclarnos mientras trabajábamos ), después desde las secciones de sociedad descubrieron un gran nido de pederastas, para saltar rápidamente al terreno del periodismo económico ya que se podían hacer negocios fácilmente en la época de las punto.com. Cuando estalló la burbuja, hicieron un análisis suicida: de Internet no sacaremos mucho dinero, dijeron, y menospreciaron sus propias redacciones digitales y los incipientes modelos de negocio que habían empezado. Evidentemente era -y es- muy difícil acertar. En nuestro país la situación aún es más grave porque las élites lucen a menudo una actitud acientífica i atecnológica, que nos condena a vivir del ladrillo y del turismo barato, sectores con gran futuro como se sabe.
¿Qué hay que hacer?
Hay que mirarlo todo sin esquemas preestablecidos, como por ejemplo el de la periodicidad (publico cuando tengo noticias, no cuando tengo que producir) e ir a la esencia. Porque, como siempre, lo más importante es encontrar buenas historias, las que interesan porque tienen impacto y enlazan con preocupaciones, anhelos o necesidades. Entonces hay que explicarlas y difundirlas globalmente con las herramientas digitales, contando con las audiencias y empaquetarlas en servicios de pago -cuando añaden mucho valor- o hacerlas atractivas para la publicidad. Mi tesis es que una buena historia avalada por buenos y buenas periodistas es capaz de generar todo este proceso sin necesidad de ningún medio. Cambiando la frase de MacLuhan, el contenido puede ser el medio. Se puede constituir un equipo de periodistas cuando hay una buena noticia en ciernes y buscar publicidad, de la misma manera que los músicos ya no venden discos y hacen, en cambio, más conciertos esponsorizados.
Las empresas tendrían que ensayar esta y otras fórmulas en Internet, investigar y evaluar los resultados de prototipos periodísticos y los modelos de negocio asociados. En cambio, veuleven a publicar diarios digitales como en los 90′. Nadie tiene la gran solución pero no hace falta repetir lo que ya sabemos que no funciona.
* Gracias a los comentarios de Quique, añado la hoja de ruta de lainformacion.com, un medio que hace exactamente eso: R+D en nuevos medios desestimando errores del pasado, como la integración de redacciones.
